El Observatorio Regional Amazónico (ORA), de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), lanzó un nuevo módulo de monitoreo de área quemada en la Amazonía, que cubre el período de 2001 a 2025. La nueva herramienta presenta un análisis histórico de las llamadas “cicatrices de incendio”, áreas que han pasado por eventos de fuego, y revela una caída significativa en la extensión afectada entre 2024 y 2025.
Según los datos procesados por el ORA para los ocho países amazónicos, cerca de 15,5 millones de hectáreas fueron quemadas en la Amazonía en 2024. En 2025, esa cifra cayó a poco más de 3 millones de hectáreas, lo que representa una reducción de aproximadamente el 80 %.
El área quemada corresponde a la extensión del territorio efectivamente afectado por el fuego, caracterizada por la quema de grandes áreas y por cambios en la estructura de la cobertura vegetal. Estos eventos generan impactos directos sobre la biodiversidad y los ecosistemas amazónicos.
“El total de área quemada se mide mensualmente mediante la respuesta espectral capturada por satélites”, explica Maycon Castro, especialista en monitoreo ambiental del ORA.
El nuevo módulo amplía el sistema de monitoreo ya disponible en el ORA, que también incluye datos sobre focos de calor, anomalías térmicas detectadas por satélite que pueden indicar la ocurrencia de incendios, los cuales también registraron una disminución entre 2024 y 2025.
“Esta información es importante para los países amazónicos porque indica los lugares donde el bosque está más expuesto a la presión de la deforestación o al uso descontrolado del fuego para la renovación de pastizales”, explica Arnaldo Carneiro, coordinador del ORA. “Esto ayuda a los países a planificar sus acciones en esas áreas”, añade Carneiro.

Importancia de la serie histórica
Aunque imágenes aisladas de incendios pueden indicar su ubicación y extensión, los especialistas destacan que el seguimiento sistemático a lo largo del tiempo es esencial para comprender la dinámica de los incendios.
“Con una serie histórica consolidada, es posible identificar, por ejemplo, si un incendio ocurrió en áreas con recurrencia de quemas o si alcanzó regiones donde el fuego aún no se había registrado”, complementa Carneiro.
Los datos también reflejan las condiciones climáticas recientes en la región. El año 2024 fue atípicamente seco y cálido, lo que favoreció la propagación del fuego y contribuyó al aumento de las áreas quemadas. Este escenario se agravó por la sequía histórica que afectó a la Amazonía entre 2023 y 2024.
En 2025, en cambio, el régimen de lluvias volvió a niveles más cercanos a la normalidad, lo que ayudó a reducir la extensión de las quemas en la región.
Además de los impactos ecológicos, los incendios forestales también tienen efectos sobre el clima y la salud humana. “Las áreas quemadas emiten carbono, lo que agrava el cambio climático, y liberan material particulado que afecta la salud de las personas que viven en la región”, afirma Castro.
“Con la nueva herramienta, gestores, investigadores y tomadores de decisiones cuentan ahora con una base de datos más completa sobre la dinámica del fuego en la región, un elemento fundamental para prevenir incendios, proteger la biodiversidad y fortalecer las estrategias de adaptación al cambio climático”, concluye Carneiro.
FOTO: Área de deforestación y quema a orillas de la carretera BR-230 en el municipio de Apuí, Amazonas. Crédito: Bruno Kelly/Amazônia Real.



