Ampliar la comprensión sobre los ríos voladores y debatir cómo este conocimiento puede contribuir a la seguridad hídrica, la toma de decisiones y la valoración de los servicios ecosistémicos de la Amazonía fue el objetivo del Seminario Interno “Ríos Voladores, Seguridad Hídrica y Valoración Económica de los Servicios Ecosistémicos de la Amazonía”, realizado el 7 de octubre en la sede de la Secretaría Permanente de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (SP/OTCA), en Brasilia.
El encuentro reunió a especialistas en clima, hidrología, ecología y economía, representantes de los Países Miembros e instituciones asociadas para analizar el estado del conocimiento sobre los flujos de humedad amazónica, los territorios que dependen de ellos y el valor económico de los servicios hidroclimáticos que proporciona el bosque. El monitoreo, la gobernanza, el financiamiento y las posibilidades de cooperación regional también ocuparon un lugar central en los debates.
Durante la apertura, el secretario general de la OTCA, Martin von Hildebrand, destacó la importancia estratégica del bosque en pie para la economía y la estabilidad climática, y propuso entenderlo como una infraestructura natural cuyos beneficios alcanzan territorios mucho más allá de la Amazonía.
“La Amazonía es un activo estratégico cuya función sostiene la economía de América del Sur y contribuye a la estabilidad climática del planeta”, afirmó.


Una infraestructura hidroclimática continental
El agua que circula por la atmósfera conecta la Amazonía con territorios mucho más allá de sus límites geográficos. La humedad procedente del Atlántico tropical alimenta las lluvias sobre la Cuenca Amazónica, y parte de esa agua regresa a la atmósfera mediante la evapotranspiración del bosque, contribuyendo a nuevas precipitaciones tanto en la propia región como en otras áreas de América del Sur. Este proceso convierte al bosque en un componente fundamental del sistema climático continental.
Como explicó Jhan-Carlo Espinoza, investigador del Institut de Recherche pour le Développement (IRD), hasta el 50 % de la precipitación amazónica puede regresar a la atmósfera. “La Amazonía no es solamente un bioma: es parte de una infraestructura hidroclimática continental y global”, sintetizó.
Sin embargo, el funcionamiento de este sistema está sometido a presiones crecientes. El cambio climático, la deforestación, la degradación forestal y los incendios afectan el reciclaje de la humedad y la circulación atmosférica, al tiempo que las sequías e inundaciones extremas se vuelven más frecuentes e intensas. La sequía de 2023–2024, por ejemplo, afectó al 88 % de la Cuenca Amazónica, lo que ilustra la magnitud de los riesgos para la región.
Paulo Artaxo, de la Universidad de São Paulo (USP), y José Marengo, del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (CEMADEN), profundizaron en el papel del bosque en la regulación del clima y las precipitaciones, así como en los efectos del cambio climático, la deforestación y la degradación forestal sobre este sistema. Aunque el conocimiento científico sobre los ríos voladores ha avanzado significativamente, persisten importantes vacíos en el monitoreo de la circulación atmosférica y los flujos de humedad.



Para Gonzalo Llosa, coordinador del Observatorio Regional Amazónico (ORA), avanzar en este conocimiento requiere fortalecer la capacidad regional de monitoreo e integrar información sobre clima, recursos hídricos y cobertura forestal. El ORA ya ofrece una base para este trabajo, con una red de 921 estaciones de monitoreo hidrológico y de calidad del agua, además de información sobre deforestación, degradación e incendios. La ampliación de estas capacidades, incluido el desarrollo de un módulo climático, podrá contribuir a comprender mejor los flujos de humedad amazónica y generar información que apoye la toma de decisiones en los Países Miembros.
Andes y Amazonía: territorios conectados
La dimensión territorial de esta interdependencia fue abordada por Luis Daniel Llambí, de CONDESAN. La conexión Andes–Amazonía funciona en ambos sentidos: la humedad reciclada por el bosque contribuye a las precipitaciones en las regiones andinas, mientras que los ríos que nacen en los Andes transportan agua, sedimentos y nutrientes fundamentales para los ecosistemas amazónicos.
Los bosques de transición entre los Andes y la Amazonía son zonas de alta concentración de precipitaciones y biodiversidad (hotspots) y tienen una importancia estratégica frente al cambio climático. Al mismo tiempo, las poblaciones y actividades económicas andinas dependen de las precipitaciones procedentes de la región amazónica.
El mensaje fue la necesidad de “mirar la región como un todo integrado”. El debate sobre resiliencia reforzó la importancia de combinar la conservación y restauración de los ecosistemas, la gestión territorial y las soluciones basadas en la naturaleza con una perspectiva de cooperación que reconozca la dimensión transfronteriza de los riesgos.
El valor económico de los ríos voladores
La tercera mesa trasladó el debate sobre la dependencia hidroclimática al ámbito de sus impactos económicos. Los estudios presentados por Esha Dilip Zaveri, del Banco Mundial, muestran que los bosques funcionan como amortiguadores naturales de las sequías al preservar la humedad del suelo. En la Amazonía, las estimaciones vinculan la reducción de las precipitaciones provocada por la deforestación entre 2001 y 2020 con pérdidas anuales de entre USD 2.900 millones y USD 11.400 millones en el PIB, además de impactos sobre la energía y la productividad agrícola.
Gustavo Ribeiro Soares Pinto, de Climate Policy Initiative/PUC-Rio, presentó evidencias de los efectos sobre la economía brasileña, particularmente en los sectores de generación hidroeléctrica, agricultura y transporte fluvial. Rafael Araújo, de la Fundación Getulio Vargas (FGV), mostró cómo los métodos económicos permiten vincular los cambios en la cobertura forestal y las precipitaciones con sus impactos sobre la producción y otros sectores.
La valoración económica permite visibilizar relaciones de dependencia que todavía se incorporan poco en las decisiones económicas y de inversión, y abre el camino para debatir cómo los beneficiarios de los servicios hidroclimáticos pueden contribuir a su conservación.
Edoardo Borgomeo, del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), llamó la atención sobre una brecha en la gobernanza de los recursos hídricos: mientras los sistemas de gestión se concentran tradicionalmente en el agua azul —ríos, lagos y acuíferos—, el agua verde, presente en el suelo y la vegetación y reciclada mediante la evapotranspiración, sigue estando poco incorporada en los instrumentos de gestión.
Para enfrentar este desafío, Borgomeo defendió el fortalecimiento y la articulación de los mecanismos institucionales existentes, en lugar de crear un nuevo tratado específico para los ríos voladores. También propuso adaptar los instrumentos financieros para reconocer y recompensar los servicios hidrológicos transfronterizos generados por la conservación, incluidos los pagos por servicios ecosistémicos, el financiamiento basado en resultados y los fondos de agua.
De la ciencia a la cooperación regional
Al finalizar el Seminario, los debates convergieron en la necesidad de transformar el conocimiento compartido en una agenda regional de trabajo, con la continuidad de los grupos especializados, un mayor intercambio de conocimientos y la articulación entre las diferentes instancias de la OTCA.
Entre los próximos pasos señalados figuran la elaboración de planes de acción y la conformación de grupos de trabajo para profundizar en temas específicos, así como la aceleración del establecimiento de la Red Amazónica de Autoridades Meteorológicas (RACEM). Su articulación con la Red Amazónica de Autoridades del Agua (RADA) y el ORA puede acercar las dimensiones atmosférica e hidrológica necesarias para el monitoreo regional de los ríos voladores.
Durante la clausura, Martin von Hildebrand subrayó que el Seminario constituyó un primer espacio de encuentro y que el proceso deberá continuar. Para él, los ríos voladores ponen de manifiesto, de manera especialmente clara, la importancia de la Amazonía más allá de sus fronteras y plantean la necesidad de reciprocidad por los servicios ambientales que presta la región.
El encuentro dejó así un mensaje central: si los beneficios hidroclimáticos generados por la Amazonía trascienden fronteras y sustentan el abastecimiento de agua, la producción de alimentos, la generación de energía y las actividades económicas en diferentes territorios de América del Sur, su protección también requiere conocimiento compartido, cooperación, inversión y reciprocidad a escala regional.



