El área de bosque impactada por la deforestación y la degradación en la Amazonía se redujo cerca de un 60% entre 2024 y 2025, considerando los ocho países miembros de la OTCA. En 2025, se registraron poco más de 25 mil km² afectados, frente a los aproximadamente 64 mil km² observados el año anterior. Los datos fueron procesados por el Observatorio Regional Amazónico (ORA) de la OTCA con base en información del programa europeo Copernicus, a través del Joint Research Centre (JRC), y están disponibles en mapas y gráficos en la plataforma del ORA.
Mientras que la degradación forestal se caracteriza por el empobrecimiento de la vegetación debido a factores como incendios y tala selectiva, la deforestación corresponde a la eliminación de la cobertura vegetal.
Según Arnaldo Carneiro, coordinador del ORA, dos factores principales explican esta desaceleración. “Existe un componente climático global y otro más regional”, afirma.
Hace dos años, la región enfrentó una de las sequías más severas de los últimos tiempos, causada por una combinación de fenómenos climáticos (El Niño y el calentamiento del Atlántico Norte). Esto favoreció la propagación de incendios forestales y aumentó la degradación de la cobertura vegetal en 2024.
En 2025, en cambio, condiciones climáticas menos extremas, combinadas con el fortalecimiento de las acciones de comando y control, fiscalización y combate a actividades ilegales en los países amazónicos, contribuyeron a la reducción observada.
“No podemos analizar la reducción de los números de 2025 sin considerar lo ocurrido en 2024, cuando experimentamos un pico de deforestación y degradación en la región amazónica”, explica Maycon Castro, analista ambiental del ORA. La deforestación creció un 256% y la degradación un 64% en 2024 en comparación con 2023. Ese año, la deforestación pasó de 10.391 km² en 2023 a 37.033 km², mientras que la degradación aumentó de 16.709 km² a 27.349 km², según los datos procesados por el ORA.
A pesar de los avances, persisten presiones estructurales. “La expansión de la ganadería y la minería ilegal siguen siendo algunos de los principales vectores asociados a la deforestación y la degradación en la Amazonía, y el cambio climático agrava este proceso”, afirma Arnaldo Carneiro.
El monitoreo sistemático de estas áreas permite no solo seguir la dinámica del bosque, sino también estimar emisiones de carbono y evaluar impactos sobre el clima, la biodiversidad y las poblaciones amazónicas. La degradación, muchas veces silenciosa, y la deforestación refuerzan la necesidad de mejorar el manejo del fuego y ampliar las acciones de restauración ecológica, ambos temas ya abordados por la OTCA, que conecta redes de autoridades nacionales a través de la RAMIF (Red Amazónica de Manejo Integral del Fuego) y la RAFO (Red Amazónica de Autoridades Forestales).

Vulnerabilidades de los Territorios Indígenas y las Áreas Naturales Protegidas
Entre los análisis realizados por el Observatorio Regional Amazónico (ORA), destaca el enfoque específico en los Territorios Indígenas y las Áreas Naturales Protegidas, ampliamente reconocidos como fundamentales para la conservación de los bosques en la región. Estos territorios desempeñan un papel clave en el mantenimiento de la cobertura vegetal, la protección de la biodiversidad y la regulación del clima, actuando en muchos casos como barreras frente a la expansión de la deforestación. Al mismo tiempo, los datos muestran que, a pesar de su importancia, estas áreas no están exentas de las crecientes presiones sobre la Amazonía.
En los Territorios Indígenas, la dinámica reciente evidencia una alta vulnerabilidad a presiones externas, con variaciones más intensas que las observadas en el conjunto de la región. Cuanto más cercanos están a los frentes de expansión de la deforestación y/o de la minería ilegal, mayor es su exposición a estos delitos ambientales.
Entre 2023 y 2024, la deforestación aumentó de 1.397 km² a 12.855 km², un crecimiento de alrededor del 820%, reflejando un período de presión excepcional sobre estos territorios. La degradación también avanzó de forma significativa, pasando de 3.140 km² a 7.232 km², un incremento del 130%. En 2025 se observa un punto de inflexión importante, con la deforestación cayendo a 3.082 km², una reducción del 76% respecto al año anterior, y la degradación descendiendo a 3.867 km², una caída del 47%. Aun así, el nivel de deforestación sigue siendo más del doble del registrado en 2023, lo que indica que, pese a la recuperación reciente, persisten presiones estructurales sobre estos territorios.
En las Áreas Naturales Protegidas, el comportamiento observado sugiere una mayor capacidad de respuesta y resiliencia frente a presiones externas. Entre 2023 y 2024, la deforestación aumentó de 1.604 km² a 8.811 km², un alza cercana al 450%, mientras que la degradación pasó de 3.109 km² a 6.884 km², un crecimiento de aproximadamente el 120%. A pesar de este incremento, la respuesta en 2025 fue más consistente que en los Territorios Indígenas. La deforestación descendió a 1.585 km², una reducción del 82% en relación con 2024, volviendo prácticamente a los niveles de 2023, mientras que la degradación cayó a 2.663 km², una disminución del 61% y por debajo del nivel inicial de la serie.

En 2024, una sequía severa impulsó incendios forestales y agravó la deforestación y la degradación de la vegetación; en 2025, el área deforestada cayó un 68% y la degradada un 48%.




